Capítulo 8: Supermercado III

Otro día sin asistir a la escuela, maldita cuna capitalista, la llameé, mientras hablaba por teléfono con Mooshie; ella, Mooshie, actualmente es la mujer con mayor acercamiento -aunque alejada- hacia mí.
No me canso de describir a las mujeres cuando son casi perfectas, pero a ella la pasaré por alto, por ahora.
Estoy sentado en las mismas mesas, se preguntarán por qué siempre me meto en este lugar habiendo tantas mujeres allá afuera. Explico, el lugar es estratégico, puedo no tener dinero y venir aquí, son escasas siete cuadras las que me alejan de casa y en caso de encontrar a algún conocido puedo encubrirme con el hecho de no estar tan perdido.
Hoy llegué tarde, son las diez y media o algo así, Vicky estaba fuera de su sitio platicando con la señora de la intendencia cuando llegué y me vio, seguro estoy de que lo hizo. No la juzgaré, yo siempre la veo. Hoy en la mañana recaí en el acto de peor calaña que me tiene inundada el alma de temores, por eso no fui a la escuela, por eso no tengo novia, por eso me siento solo en este mundo con fuertes deseos de provocar algo bueno, sí, pero acomplejado en gran manera.
Después de que la señora de intendencia se retirara Vicky duró dos minutos ahí parada, viéndome escribir como poseso. Se metió y al cabo de otros tres minutos una joven…
Perdonen, distrajo mi vista del papel, delgada, de cabello rubio falso, ligeramente linda que casi cae sobre mí; no me burlé de ella, nunca lo hago. Usaba una blusa amarilla que resaltaba el tamaño de sus pechos, qué lindos son los pechos de las mujeres, no importando los tamaños (sí las formas), son lindos. La chica avergonzada, se perdió de mi vista a toda prisa, como debe ser, es bueno que no se lastimara…
Con respecto a la joven que llegó con Vicky, debe trabajar en algún lugar cerca de aquí, también usa una camiseta con varias marcas comerciales grabadas en la espalda. Posee un lindo cuerpo, enmarcadas piernas con mezclilla en tono oscuro, estatura media, media en México, como uno sesenta y cinco. Se aleja después de inspeccionar dos anaqueles y regresa al poco, da un recorrido dentro de la tienda en la que Vicky trabaja y se va. No me importa qué crean que esta es la historia más lenta y aburrida que van a leer, por mí pueden tomar otra todos aquellos que no amen la lectura tanto como yo lo hago; o bien pueden escribir algo ustedes mismos para que yo lo lea y aprenda a hacer bien las cosas como se aprende de los grandes.
Me estoy saliendo del tema, Vicky viste una blusa blanca y como siempre la fiel mezclilla en sus jeans. No sé qué sería del mundo actual sin la mezclilla. Acaban de pasar cerca de mí Edgar y Christian, amigo mutuamente y ambos viejos amigos míos, a quienes conocí por separado.
Edgar, fue mi compañero durante la primaria, tiene la misma edad que yo aumentada unos cuantos meses, es uno de mis más apreciables amigos, en sí, todos los hombres de mi salón de primaria siempre nos la hemos llevado bien, cuando nos vemos, nos saludamos afectuosamente, ya contaré después acerca de ellos. Mientras tanto, Edgar era el que se quedaba en mi casa jugando turista después de clases.
A Christian lo conocí mediante una “cadena”, es así como llamo al tipo de relación, porque primero conocí a Cielo y Cinthia. Cielo es tres años mayor que yo, es una flaquita, inteligente, amorosa, bonita y amigable dama, del tipo de mujer con el que me gustaría casarme a mí. Aunque la pediría un poco menos regañona, de mandarla a hacer. Cinthia, es su hermana, ella sí está dentro del rango de edad que me gustaría para mí, tiene un cuerpo soñado, un carácter bastante ameno, pero es una pena que posea un cacahuate como cerebro. Dejo claro que aun así me gusta mucho, pues a ocas mujeres he conocido así de hermosas. Pequeña de estatura y de cintura, de caderas y trasero grandes, piernas gruesas y duras por el ejercicio, además de un par de pechos que bien complementan el monumento. No olvido el aspecto de Cinthia la noche que se casó su hermana, luciendo un vestido rojo como mi sangre pegado a su morena y suave piel, es el tipo de mujer no pecadora que me incita a pecar.
Ellas me presentaron a su primo Christian, tiempo después de conocerlas, alguna vez que fueron de visita a mi casa.
Christian era delgaducho y débil hasta que entró al gimnasio, siempre fue alto, así que ahora luce como un luchador o algo parecido, yo siempre creí que se metía algo, porque su voz no era lo único que se había vuelto lento, también su percepción y razonamiento, varias veces lo saludé mientras caminaba por la calle y me lo encontraba pero ninguna me conoció, todas contestaba hablando como atontado, pero no me conocía hasta que volvía a presentarme. Sea como sea, el tipo me cae bien.
Desde que mis amigos pasaron hay un cliente preguntándole cosas a Vicky, seguro está aprovechando a entablar conversaciones diferentes porque es muy guapa, además, de blanco sus pechos parecen más grandes. Ya quisiera yo estar en el lugar del tipo.
Me gusta el pantalón que tengo puesto, no es de mezclilla pero tampoco es tela como un pantalón convencional. La tela es gruesa y dura como yo. Llámenme egocéntrico, no me importa, el día que ustedes escriban un relato pueden definir al actor central como el ser con el miembro erecto más grande del universo que tiene sexo con distintas reinas planetarias con fin de preservar la paz entre todos los mundos y llamarse ustedes mismos como el actor, o mejor, asemejarlo a ustedes; eso es lo que hace alguien al escribir, se sueña a sí mismo.
La tierra no tiene una reina, yo propongo a Tassiana para el puesto, es mi amor platónico, mi sueño húmedo, mi ilusión imposible. No sé si alcanza el diez en la escala de medición de féminas que desarrollé con tan amplio criterio, pero para mí es perfecta, creo que lo mismo opina mi pene pues se ha puesto muy duro con solo recordarla. Me he encorvado sobre el asiento para relajarme, mis ganas de escribir quedan de lado un rato por lo que veo. Continuaré el relato hasta que el fierro caliente que está en mi entrepierna se enfríe.

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