Capítulo 7: Ecuaciones
Un día más, otra clase de ecuaciones diferenciales. Escribo la nota “deseo aprender cálculo” bajo una operación que me parece incomprensible.
Solía ser el mejor en la primaria, en la secundaria incluso exenté algunos exámenes, cuando llegué a la prepa no hubo mayores problemas, pero aquí, sinceramente y sin afán de ofender a nadie, las clases son una mierda, los métodos de enseñanza inútiles y los maestros, aunque casi genios, no tienen idea de cómo empaparnos y transmitirnos de sus conocimientos. Mis compañeros se hacen tontos en equipo, a mí no me gusta ser hipócrita, cuando sé, sé. Cuando no, mejor me pongo a redactar algo, me ausento de la verdadera vida que más parece un yugo.
Usamos tanto el teclado que ya no sabemos escribir, yo escribía bonito, ahora no. Al paso que voy terminaré en silla de ruedas a los treinta.
Hace mucho calor y yo de negro. El sábado salí con Galleta, Galleta no me gustaba. El profesor se levantó a explicar, pondré atención.
En el nombre del señor, el profesor está pegando su cabeza contra la pizarra, pareciera que ni el mismo comprende lo que ha hecho y eso que tiene el lugar lleno de números rojos, el rojo debería estar prohibido para los matemáticos.
Le pidió el formulario a un alumno, yo lo veo subir y bajar, rascarse la nariz y frotarse la frente. Tengo ojeras. Bueno, la clase está abrumadora y seguimos todos verdes.
Galleta usaba su pantalón gris de mezclilla, una blusa negra que se le veía muy bien y un par de zapatillas “no tan altas”, según ella, que se le veían mucho mejor.
Entramos al cine a ver uno más de los planetas de los simios, creo que ella me invitó, no recuerdo bien. El primero de sus tres mensajes dice: “¿Te parece mejor a las siete?, porque tengo que esperar a la dentista porque ya no está en el consultorio” con algunas faltas ortográficas, a lo que respondí: “Uhm ok.” Me gusta ser conciso con mis respuestas, el OK nos lo heredaron los gringos desde pequeños, bueno, a nuestros padres y abuelos, ellos a nosotros.
Galleta me buscó primero, el jueves me mandó un mensaje: “¿Qué harás hoy?” No lo vi, no respondí, pero ella me hablaba con intención de que la invitara a salir, por eso estábamos viendo el planeta de los changos el sábado.


