Capítulo 3: Kiosko

Por cierto, la chava que llegó a comprar al Kiosko que está frente a la rueda por la de los maestros (probablemente proveniente del gimnasio) como a las ocho de la noche… Estaba guapísima, con brackets, con su microfaldita y su blusita morada de tirantes, puff, rockeó, me cae, qué cuerpazo. Yo feliz desde la mesa viéndola mientras le decía a Jorge: Ni voltees amigo, no peques… Que buen hermano soy. Más bendecido que los empleados, que no pudieron salir a admirarla como yo lo hacía. Además, ellos no la vieron cuando descaradamente se acomodaba la ropa interior y se agachaba despacio a tocarse las piernas, que no sé por qué lo hizo. De hecho, en ese momento pensé que me sangraría la nariz como al maestro Roshi. Jajaja! Salud por ella, quien fuera, y por que se dio cuenta que la vi y porque me vio. (A quien me juzgue: ¡Envidiosos! La única manera de no verla era como Jorge, que alguien más te impidiera voltear a hacerlo.)

Leave a Reply