Capítulo 12: Almas juntas

El mundo necesita a personas como yo, pensaba cada mañana al despertar. Siempre fui un alumno bueno, una buena persona en general, pero las cosas buenas nunca llegaban a mí. Un día, alguien me contó que para ser un hombre completo se requiere de tener una mujer hermosa, mucho dinero, un auto increíble y una palma de buenos amigos. No tenía nada.

Introducción de “La historia de Iván”.

Capítulo 11: Monstruo bajo la cama

Se dice que los hombres no debemos temer a nada, pero pocos padecen de monstruos en la almohada. Quiero escribir ahora que es extraño no necesitar perderme en ninguna mirada, que nunca más en adelante sucumbiré ante los ojos de una bella dama. Pero vamos, todos sabemos que eso es falso, las pruebas me remiten a ser un cobarde y ante las más preciosas postrarme. Solo me limitaré a no volver a verla así, porque esas esferas del alma que muestran claro el repudio que sienten por mí, únicos cristales que el alma de un hombre examinan y hasta el más recóndito sitio dominan. Ya no, no puedo permitírselo, me hacen nada, me acaban. Yo simplemente quiero a alguien para tocar, para acariciar, pero debo aguantarme a la dureza de la soledad.
Antes pensaba que no merecía, que no me merecían, pero ahora veo las cosas claras, soy yo el que no puedo satisfacerlas, porque tengo miedo incluso de en el juego perderlas… Tonto soy, solo estoy.
Las personas en las calles me miran y me juzgan; pero cuando solo ando únicamente se burlan, no hay derecho. La canción de los prisioneros dice: “Y no me digas pobre, por ir viajando así, no ves que estoy contento, no ves que soy feliz”… Así yo, estaré contento de saber que puedo controlar mi templo. Ojos de sirenas me mirarán desde el mar y cantarán de gozo por mi heredad, aves en el cielo en parvada atravesar, y este que ahora escribe no las “exalte” nunca más.

Capítulo 10: Prohibido enamorarme

Mientras más lo hago, más se calcina mi alma en el repudio de mi propio ser, la causa probable es que poco me he dado a conocer, tal como soy, nadie se atreve, siempre me temen, las luchas constantes contra mi imprudencia y mi exceso de molestia para conmigo me dejan de lado como siempre, intrigado de lo maravilloso que es estar admirando la belleza ajena, ella son hermosas, únicas, brillantes; pero demuestran que yo estoy en la postura de la nada, sin juzgarlas, no dejarán de ser lo más brillante, ni lo más maravilloso, pero como tal, el sentido de las cosas me ha metido en una esfera de austeridad, en la que debo de solo estar, sin que nadie pretenda o pueda siquiera un poco a mi persona admirar, menos amar. Joder.

Capítulo 9: Variables

Finaliza la clase de administración, he aprendido mucho de la materia, se administra el dinero, se administra el trabajo, se administra la gente, pero por encima de todo, se administran los tiempos.
“Sin derecho”, acaba de anunciar el profesor de ecuaciones. Memo, Isaac y yo, por sobrepoblación de faltas. Y eso que apenas estoy entendiendo eso de m con respecto a y, n con respecto a x, logaritmo natural, euler y más.
Siempre fui bueno para comprender las matemáticas, el problema es que ahora me topo con profesores que no saben instruir, ellos saben, sí, y mucho, pero desconocen la forma de hacer que nosotros como alumnos comprendamos y absorbamos la información.
El otro día en internet veía cómo enseñan cálculo y física en las grandes universidades. No sé si sea verdad, pero estoy seguro que para los alumnos de esa escuela es mucho más sencillo aprender que para nosotros, porque ellos tienen maestros que saben enseñar.
Me quejo del sistema, me dirán, pero al parecer no hago de mi parte nada para ponerme al corriente; créanme que sí, solo que nunca en mi vida he tenido que estudiar respecto a eso en casa y honestamente no pienso hacerlo todavía, las reglas están en mi cerebro, bien guardadas como variables, cuando viene el problema simplemente es cuestión de llamarlas y sé que responderé bien.

Capítulo 8: Supermercado III

Otro día sin asistir a la escuela, maldita cuna capitalista, la llameé, mientras hablaba por teléfono con Mooshie; ella, Mooshie, actualmente es la mujer con mayor acercamiento -aunque alejada- hacia mí.
No me canso de describir a las mujeres cuando son casi perfectas, pero a ella la pasaré por alto, por ahora.
Estoy sentado en las mismas mesas, se preguntarán por qué siempre me meto en este lugar habiendo tantas mujeres allá afuera. Explico, el lugar es estratégico, puedo no tener dinero y venir aquí, son escasas siete cuadras las que me alejan de casa y en caso de encontrar a algún conocido puedo encubrirme con el hecho de no estar tan perdido.
Hoy llegué tarde, son las diez y media o algo así, Vicky estaba fuera de su sitio platicando con la señora de la intendencia cuando llegué y me vio, seguro estoy de que lo hizo. No la juzgaré, yo siempre la veo. Hoy en la mañana recaí en el acto de peor calaña que me tiene inundada el alma de temores, por eso no fui a la escuela, por eso no tengo novia, por eso me siento solo en este mundo con fuertes deseos de provocar algo bueno, sí, pero acomplejado en gran manera.
Después de que la señora de intendencia se retirara Vicky duró dos minutos ahí parada, viéndome escribir como poseso. Se metió y al cabo de otros tres minutos una joven…
Perdonen, distrajo mi vista del papel, delgada, de cabello rubio falso, ligeramente linda que casi cae sobre mí; no me burlé de ella, nunca lo hago. Usaba una blusa amarilla que resaltaba el tamaño de sus pechos, qué lindos son los pechos de las mujeres, no importando los tamaños (sí las formas), son lindos. La chica avergonzada, se perdió de mi vista a toda prisa, como debe ser, es bueno que no se lastimara…
Con respecto a la joven que llegó con Vicky, debe trabajar en algún lugar cerca de aquí, también usa una camiseta con varias marcas comerciales grabadas en la espalda. Posee un lindo cuerpo, enmarcadas piernas con mezclilla en tono oscuro, estatura media, media en México, como uno sesenta y cinco. Se aleja después de inspeccionar dos anaqueles y regresa al poco, da un recorrido dentro de la tienda en la que Vicky trabaja y se va. No me importa qué crean que esta es la historia más lenta y aburrida que van a leer, por mí pueden tomar otra todos aquellos que no amen la lectura tanto como yo lo hago; o bien pueden escribir algo ustedes mismos para que yo lo lea y aprenda a hacer bien las cosas como se aprende de los grandes.
Me estoy saliendo del tema, Vicky viste una blusa blanca y como siempre la fiel mezclilla en sus jeans. No sé qué sería del mundo actual sin la mezclilla. Acaban de pasar cerca de mí Edgar y Christian, amigo mutuamente y ambos viejos amigos míos, a quienes conocí por separado.
Edgar, fue mi compañero durante la primaria, tiene la misma edad que yo aumentada unos cuantos meses, es uno de mis más apreciables amigos, en sí, todos los hombres de mi salón de primaria siempre nos la hemos llevado bien, cuando nos vemos, nos saludamos afectuosamente, ya contaré después acerca de ellos. Mientras tanto, Edgar era el que se quedaba en mi casa jugando turista después de clases.
A Christian lo conocí mediante una “cadena”, es así como llamo al tipo de relación, porque primero conocí a Cielo y Cinthia. Cielo es tres años mayor que yo, es una flaquita, inteligente, amorosa, bonita y amigable dama, del tipo de mujer con el que me gustaría casarme a mí. Aunque la pediría un poco menos regañona, de mandarla a hacer. Cinthia, es su hermana, ella sí está dentro del rango de edad que me gustaría para mí, tiene un cuerpo soñado, un carácter bastante ameno, pero es una pena que posea un cacahuate como cerebro. Dejo claro que aun así me gusta mucho, pues a ocas mujeres he conocido así de hermosas. Pequeña de estatura y de cintura, de caderas y trasero grandes, piernas gruesas y duras por el ejercicio, además de un par de pechos que bien complementan el monumento. No olvido el aspecto de Cinthia la noche que se casó su hermana, luciendo un vestido rojo como mi sangre pegado a su morena y suave piel, es el tipo de mujer no pecadora que me incita a pecar.
Ellas me presentaron a su primo Christian, tiempo después de conocerlas, alguna vez que fueron de visita a mi casa.
Christian era delgaducho y débil hasta que entró al gimnasio, siempre fue alto, así que ahora luce como un luchador o algo parecido, yo siempre creí que se metía algo, porque su voz no era lo único que se había vuelto lento, también su percepción y razonamiento, varias veces lo saludé mientras caminaba por la calle y me lo encontraba pero ninguna me conoció, todas contestaba hablando como atontado, pero no me conocía hasta que volvía a presentarme. Sea como sea, el tipo me cae bien.
Desde que mis amigos pasaron hay un cliente preguntándole cosas a Vicky, seguro está aprovechando a entablar conversaciones diferentes porque es muy guapa, además, de blanco sus pechos parecen más grandes. Ya quisiera yo estar en el lugar del tipo.
Me gusta el pantalón que tengo puesto, no es de mezclilla pero tampoco es tela como un pantalón convencional. La tela es gruesa y dura como yo. Llámenme egocéntrico, no me importa, el día que ustedes escriban un relato pueden definir al actor central como el ser con el miembro erecto más grande del universo que tiene sexo con distintas reinas planetarias con fin de preservar la paz entre todos los mundos y llamarse ustedes mismos como el actor, o mejor, asemejarlo a ustedes; eso es lo que hace alguien al escribir, se sueña a sí mismo.
La tierra no tiene una reina, yo propongo a Tassiana para el puesto, es mi amor platónico, mi sueño húmedo, mi ilusión imposible. No sé si alcanza el diez en la escala de medición de féminas que desarrollé con tan amplio criterio, pero para mí es perfecta, creo que lo mismo opina mi pene pues se ha puesto muy duro con solo recordarla. Me he encorvado sobre el asiento para relajarme, mis ganas de escribir quedan de lado un rato por lo que veo. Continuaré el relato hasta que el fierro caliente que está en mi entrepierna se enfríe.

Capítulo 7: Ecuaciones

Un día más, otra clase de ecuaciones diferenciales. Escribo la nota “deseo aprender cálculo” bajo una operación que me parece incomprensible.
Solía ser el mejor en la primaria, en la secundaria incluso exenté algunos exámenes, cuando llegué a la prepa no hubo mayores problemas, pero aquí, sinceramente y sin afán de ofender a nadie, las clases son una mierda, los métodos de enseñanza inútiles y los maestros, aunque casi genios, no tienen idea de cómo empaparnos y transmitirnos de sus conocimientos. Mis compañeros se hacen tontos en equipo, a mí no me gusta ser hipócrita, cuando sé, sé. Cuando no, mejor me pongo a redactar algo, me ausento de la verdadera vida que más parece un yugo.
Usamos tanto el teclado que ya no sabemos escribir, yo escribía bonito, ahora no. Al paso que voy terminaré en silla de ruedas a los treinta.
Hace mucho calor y yo de negro. El sábado salí con Galleta, Galleta no me gustaba. El profesor se levantó a explicar, pondré atención.
En el nombre del señor, el profesor está pegando su cabeza contra la pizarra, pareciera que ni el mismo comprende lo que ha hecho y eso que tiene el lugar lleno de números rojos, el rojo debería estar prohibido para los matemáticos.
Le pidió el formulario a un alumno, yo lo veo subir y bajar, rascarse la nariz y frotarse la frente. Tengo ojeras. Bueno, la clase está abrumadora y seguimos todos verdes.
Galleta usaba su pantalón gris de mezclilla, una blusa negra que se le veía muy bien y un par de zapatillas “no tan altas”, según ella, que se le veían mucho mejor.
Entramos al cine a ver uno más de los planetas de los simios, creo que ella me invitó, no recuerdo bien. El primero de sus tres mensajes dice: “¿Te parece mejor a las siete?, porque tengo que esperar a la dentista porque ya no está en el consultorio” con algunas faltas ortográficas, a lo que respondí: “Uhm ok.” Me gusta ser conciso con mis respuestas, el OK nos lo heredaron los gringos desde pequeños, bueno, a nuestros padres y abuelos, ellos a nosotros.
Galleta me buscó primero, el jueves me mandó un mensaje: “¿Qué harás hoy?” No lo vi, no respondí, pero ella me hablaba con intención de que la invitara a salir, por eso estábamos viendo el planeta de los changos el sábado.

Capítulo 6: Matemáticos

En la escuela en plena lucha psicológica contra un par de ecuaciones diferenciales, y saber que “apenas estamos comenzando” según el profesor. No sé, seguido me pregunto si habré elegido bien la carrera; no es que no me guste, me fascina, pero alcanza grados elevados de complejidad aun sabiendo que yo, en letras, pude haber sido bien recibido (no digo ni jamás diré que soy bueno escribiendo, pero ellos suelen ser abiertos a la forma de escribir de la gente).  Harían falta un montón de sesiones para pulir mis técnicas, leer a ciertos autores, lo que me haría, quizá jodiéndome la voluntad, un discípulo. Yo empecé con Asimov, los primeros cien textos fueron pronto, además me entró curiosidad por conocer a otros escritores; la literatura es hermosa y con un universo enorme, lleno de fantasía, ilusión, historia, horror, cada una de las palabras me lleva a una distinta dimensión y me hace olvidar que estoy aquí, sin ideas de cómo resolver la ecuación, sentado a unos metros del profesor.
Las matemáticas son para hobres, o para mujeres feas; las bonitas normalmente corren para educadoras, doctoras, licenciadas, diseñadoras. Las ingenierías son para los feos, los hombres atractivos huyen a carreras en las que las opciones de captar pareja sean mayores. Seno y theta, son únicamente funciones para nosotros, matemáticos.

Capítulo 5: Supermercado II

Mientras recordaba, la chica de os churros fue hacia donde estaban la gorda de la óptica y la de otra isla, quien vende boletos de transporte, una nada fea, aunque formal con su saco y falda azul marino y se alejaron las tres.
En la mesa en la que estaba antes, el que me recordó a Alejandro se sentaron dos mujeres y un amanerado, una de blusa rayada, rojo con blanco, sus lindos pies adornados estaban por una pieza de joyería, bonito cuerpo, simple pero bonito; aunque la chica habla mucho, casi en proporción al amanerado. La otra, también de jeans como la primera usaba una sudadera color pastel solo los observa mientras hablan y los escucha con atención, me parece más interesante, aunque es menos atractiva físicamente. No terminaba de analizar el plano cuando una diosa se aproximó de frente, cuerpazo, trasero en forma de corazón, se veía bastante apetecible. Vestía un pants gris en el que se notaba la presencia de una diminuta prenda de ropa interior, lucía también una blusa pegada a la piel en color negro con varios detalles florales bordados a mano, una carita preciosa, labios brillantes, cabello lacio, rubio y atado por atrás con una coleta, y como cereza, un par de pechos descomunales. Si a lo anterior agrego que no tenía más de veinticinco años realmente lo transformo en una pieza de arte. Me caso, pensé, y después reí a mis adentros, esa clase de bellezas solo andan con tipos de carteras gruesas, no con alguien como yo que no tiene ni doce pesos para ir a la escuela, ya no digo para regresar, porque estoy infinitamente agradecido con Memo y Coria por traerme de regreso a casa sin cobrarme un peso más.
En las computadoras se cansa uno menos de escribir porque escribes con las dos manos, eso dicen, pero yo conozco a varios que en el teclado escriben de un modo que yo llamo “pisada de gallina”, tendrían que ver el ademán para comprender, pero es dando piquetes con ambos índices de manera abrupta y tonta, aunque no mencionaré a nadie que escriba así en la computadora -mejor sí, Edgar-.
Ya no ha salido Vicky y los de al lado pelean por un virus en su memoria, uno que se elimina sencillamente con un comando de pocas letras declarado en la consola. La memoria con virus es la del homosexual, que no deja de pasearse como desesperado alrededor de ellas y reclamar cada tres segundos por su pérdida.
Está buena la de los churros, chiquita pero muy buena… Pienso en ayudar a los de al lado, pero me reprime el molesto personaje.
Vicky limpia los estantes, lo hace bien, a conciencia, abre cajas, limpia piezas individualmente, observa, es buen en lo que hace ahora ¿así será para todo?
Un ingeniero en sistemas no solo quita virus, imbécil. El amanerado fue por un churro, lo sé no por estar viendo al amanerado, sino a la niña de los churros a la que no le he desprendido los ojos de encima desde hace unos minutos.
La menos guapa de las chicas que estaban a mi lado fue por comida china. Regresó con una gran bolsa del mismo color que su blusa, bueno, poco más amarilla. Ya se van, que bueno porque el sujeto me estaba colmando la paciencia.
Al voltear a la caja vi pagando a una mujer que me recordó y se me figuró a Izamar, del tres; “la argentina” la apodé yo. Era alta, mucho, delgada, de piel blanca, de nariz rara aunque muy guapa,no mi tipo de guapa, pero era guapa; de hecho creo que era edecán o modelo, a mí me parecía muy fingida, -¿qué mujer no finge?- y lenta de razonamiento, como una niñota de uno ochenta y cinco, cabello lacio, muslos deliciosos y buenas defensas. Pero no me gustaba, individuales algunas de sus partes eran lamibles -digo eran porque hace año y medio que no la veo-, pero en conjunto fallaban, como que no combinaban, no me gustaba porque estaba bien mensa.
Vicky está masticando algo, debe ser un chicle, no la vi salir por comida,; mastica gracioso, infla las mejillas, levanta la trompa como niño a punto de dar un beso a su mamá.
Alguien más se sentó en la mesa de al lado, dos señoras sin importancia, pasaré de comentar respecto a ellas.
Hoy no he visto mucha acción, probablemente a causa de mi posición estratégica. Quiero un portatil para hacer justo lo que estoy haciendo ahora e ir subiendo todo a la red, no como un diario, sí como un juego en tiempo real.
Ah, volvió la fea de la blusa rosa y falda gris, no era de la óptica, como creí antes, sino de un par de locales más lejos que no investigaré porque no me interesa y porque ya se fue.
Nadie tiene una vida tan interesante como para plasmarlo todo en papel, ni yo mismo que lo hago lo creo, por eso mismo intento dejarlo claro. Estoy en medio de una actitud de ensimismamiento y narcisismo que me ayuda a mantenerme a raya y sin perjudicar a nadie.
Vicky tiene bonita mirada, hace casi nada de tiempo nos miramos , obvio ella dejó de verme primero.
Reviso mi celular, me gusta hacerlo en público no porque sea caro, sino todo lo contrario, es demasiado austero como para que me vean bien portándolo. Hay una llamada perdida, de un número que desconozco, a las diez de la mañana, hace dos horas y media. Me preocupa que sean mis deudas, ellos son mis dueños, lo detesto; no soy libre de gastar el peso que tengo en la bolsa porque el noventa por ciento de ese peso ya tiene dueño; ¿quién sería? ¿quién me habrá llamado? En pocos días debo saldar varias cuentas pendientes y no hay lógica que me permita saber cómo conseguir el dinero. Me entristece.
Algo dijo el chino de la comida china oriental que está a un lado en voz muy fuerte, no estás en China amigo, ojalá pudiera yo estar en China o en algún lugar a semejante distancia de aquí para no pensar en todas mis preocupaciones, soy esclavo del sistema y de sus garras de maldad.
Ha psado un tiempo y yo sigo desesperado, Vicky continúa con el arreglo de las vitrinas, los chinos parloteando juntos y la de los churros presumiendo su bonito traste mientras un guardia de seguridad charla con ella del otro lado de la barra. Hace rato que regresó la fea, pero es tan fea que no le presté más atención.
Me ignoró. Salió Vicky a tirar algo a la basura pero ahora miraba al horizonte, más allá de mi espalda, donde hay trescientas personas más, cuando al frente apenas unas quince contándola.
Mientras se inclina a limpiar por fuera los cristales de su mostrador mostró los senos, pero me vio, yo sé que ahora sí la vi como un cerdo y hasta sentí deseos de poseerla.
Vicky me mira escribir mientras yo de reojo no dejo de ponerle cuidado, deliciosa, no es deliciosa pero en mi situación actual así parece. ¿A cuantas te has imaginado desnudas?, me preguntó una vez alguien. No sé, como cinco mil, quizá. ¿Con cuantas de ellas te has acostado?, después de reír por mi propia verdad y meditar la respuesta dije, con un número insignificante en comparativa. La persona se rió, pero es cierto, a los pervertidos -que fea forma de llamarnos- nos toman como quienes no dejan pasar oportunidad para tener sexo con alguien, no sé si sea verdad, pero si me clasifican en la categoría debo alegar que eso es totalmente falso. Veo mujeres, las admiro, las deseo, las adoro, las quiero, las amo, pero la situación generalmente no es recíproca ni siquiera en lo poco, se alejan y me alejan, me temen, me evaden, me desconocen.
Aunque Vicky me está mirando a través del reflejo de las vitrinas y yo la veo a ella, me hace sentir bien que ningún guardia se haya aproximado a mí todavía para invitarme a salir del lugar y que ella siga a escasos cinco pasos, quizá menos de distancia de mí.
Que barbarie, nalgatorio, morena, bajita, me traumó, no la de los churros, otra que está comprando comida china, no sé si escribir o admirar. Quizá los jeans son una talla más chicos porque hacen ver todo aquello forzado, enorme, a punto de estallar, claramente me excité. Estoy feliz por mi posición estratégica, se hinchó el bulto entre mis piernas y, mientras escribo, sin dejar de verla se endurece más. Adiós nena, adiós, soy un caliente… por lo menos dejé un rato de pensar en mi miseria.
Me levantaré hasta que la excitación se vaya. Vicky, gracias por darme algo agradable para pasar el rato, tú, niña de los churros, no creas que me he olvidado de ti y esa hermosa parte posterior tuya, para nada; pero me hace falta tiempo y espacio para escribir todo lo que pasa.